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La retórica en grecia oríGENES DE la retórica

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LA RETÓRICA EN GRECIA


ORÍGENES DE LA RETÓRICA
De acuerdo con una tradición que remonta a tiempos anteriores a Aristóteles, y de la que se hacen eco prácticamente todos los tratadistas romanos, la Retórica se inventó en Siracusa, hacia la primera mitad del siglo V aC. (alrededor del año 467). Era una época en la que, después de un cambio de gobierno, los antiguos propietarios de fincas entablan pleitos contra los nuevos, a los cuales el gobierno derrocado se las había concedido. Según la tradición, Córax y su discípulo Tisias se dieron cuenta de que, en un pleito, lo realmente importante es la verosimilitud, más aún que la verdad, de donde que decidieran desarrollar una técnica de la argumentación judicial, la Retórica, destinada sobre todo a darle un soporte técnico a la espontánea capacidad de hablar en público, la elocuencia1.

En una fecha semejante, se desarrolla en Sicilia otro tipo de preceptiva retórica que atiende más a los efectos internos, psicológicos, que a la finalidad pragmática (i.e. persuasiva y judicial) de la escuela siracusana. Desarrollada sobre todo por los seguidores de Pitágoras -por Empédocles de Agrigento, según Aristóteles y posteriores- esta Retórica psicagógica (lit. "conductora de almas"), establece que la palabra, gracias a la magia matemática del ritmo del decurso fónico, tiene una especie de magia, también, que le permite dominar al auditorio y manipularlo, no ya apelando a la razón, sino controlando sus emociones; de aquí que se teorice sobre la "polytropía" (cada tipo de auditorio tiene una forma específica de ser controlado, sólo hay que conocerla), pero también sobre lo "kairós", lo "oportuno", la relación, matemática en este caso, entre los elementos discursivos.


^ LOS SOFISTAS:

Instrumentalización de la Retórica
Muy pronto empezarán a combinarse ambas escuelas y a extender su ámbito de actuación más allá de la Magna Grecia. Todavía en el siglo V aC. estamos, y ya aparece el movimiento sofista, toda una auténtica escuela de pensadores y maestros con vocación de ser los educadores de los hijos de la clase social dominante, muy similar a aquella máxima jesuítica de que "quien educa príncipes, gobierna reyes". Caracteriza a los sofistas la enorme atención que le prestan al lenguaje y a su valor simbólico: serán los primeros en formular la idea de que no hay una relación necesaria, metafísica, entre el signo lingüístico y el objeto al que designa, sino que la adjudicación de significantes es un proceso absolutamente arbitrario. En lo que a la doctrina retórica se refiere, afirman que su estudio permite vencer en cualquier situación, ya que capacita para manipular las emociones, para presentar argumentos verosímiles y para refutar los del contrario o, cuando menos, para dejar en evidencia sus puntos débiles. Los sofistas, en realidad, sincretizan las dos escuelas anteriores (i.e. la siciliana, pitagórica o psicagógica, y la siracusana) para construir una reflexión teórica más completa.


^ Protágoras de Abdera
Dos serán los sofistas que mayor peso tendrán en la configuración del ideario retórico de esta escuela: Protágoras de Abdera y Gorgias de Leontino. A Protágoras se de debe la idea de que "lo oportuno" en el discurso no es una cuestión matemática, sino de inteligencia práctica; el que la expresión debe ser correcta ("orthoepeîa") si quiere ser eficaz hasta el punto de hacer que un discurso argumentalmente débil pero brillante pueda vencer a otro consistente pero feo; o el que la antítesis, la técnica de los razonamientos opuestos, permite defender igualmente un punto de vista o su contrario. En suma, Protágoras de Abdera propugna un relativismo absoluto -lo importante es convencer y saber convencer, ya que los motivos, morales o no, son cosa secundaria y estrictamente personal- que escandalizará a gran número de filósofos, Sócrates y Platón incluidos, que ven que, en un sistema claramente asambleario como el ateniense, el desarrollo y perfeccionamiento de una herramienta como la Retórica es harto peligroso para el propio sistema si no se delimita una serie de criterios éticos de uso.


^ Gorgias de Leontino
El otro gran maestro sofista es Gorgias de Leontino, discípulo del pitagórico Empédocles de Agrigento que llegó de Sicilia a Atenas a finales del siglo V aC., más o menos en los tiempos de infancia de Platón -los cálculos que identifican 427 aC. como el año de la llegada de Gorgias y del nacimiento de Platón pueden ser más literarios que históricos-, y que va a ser de suma importancia en el desarrollo de la teoría retórica. Para él, la persuasión es un mecanismo simplemente psicagógico que opera gracias al engaño, esto es, la fascinación que provoca la palabra; fue también el primero que distinguió tipos de discursos, y el primero que teorizó sobre las figuras estilísticas y su valor retórico y sobre la antítesis, lo que lo convierte en uno de los fundadores de otra de las disciplinas cuya evolución será inseparable de la de la Retórica: la Dialéctica.

^ SÓCRATES Y PLATÓN: Moralización de la Retórica
Según hemos visto, los sofistas consideran la "dóxa", la opinión, como el criterio básico que permite aceptar un discurso y, en consecuencia, como la base misma de la Retórica: al prevalecer la "dóxa" sobre la verdad, la Retórica se convierte en una simple y llana herramienta de poder, expuesta a ser usada imprudentemente por cualquiera para sus fines particulares, que pueden o no coincidir con los intereses generales de la ciudad.

Para analizar la trayectoria de Platón frente a la Retórica, hay que prestarle atención sobre todo a dos diálogos: Gorgias y Fedro; fruto cada uno de una época distinta del autor, difieren también en sus respectivos planteamientos. Así, el primero de ellos recibe el nombre de un destacado sofista (Gorgias) y se dedica a atacar furibundamente a la Retórica: piensa Platón que la "epistéme" (ciencia) debe ser superior a la opinión, esto es, aplicado a la Retórica, una postura radicalmente opuesta a la de los sofistas, ya que se piensa que sólo busca esta disciplina seducir al auditorio y que, en consecuencia, es una técnica vacía, encaminada sólo a crear opinión, no a investigar en la realidad, como sí que hace la Dialéctica.

En una etapa ya de madurez, Platón recibe el influjo de la escuela pitagórica, que debe considerarse como una de las causas de la modificación de sus posturas: en el Fedro, ya no descalifica a la Retórica en conjunto, sino que distingue una Retórica auténtica y una Retórica falsa; la primera es psicagógica, conduce a las almas hacia un bien justo y las ayuda a investigar en la realidad superando la mera opinión, para lo cual hace falta conocer cómo se mueven los espiritus, las almas, del público; frente a ella, la Retórica falsa se limita a adular, no quiere llegar a la verdad, sino a su apariencia. Evidentemente, la buena retórica necesita de un método que ayude, y ese método es la Dialéctica. Desde este momento, encontraremos una casi unánime afirmación de la indisolubilidd de Retórica y Dialéctica, afirmación de cuño platónico cimentado luego por Aristóteles; sin embargo, la auténtica vena platónica que perdurará será la de las constantes descalificaciones de la Retórica por falaz, por manipuladora, por "democrática", por a-científica. No obstante, un componente platónico que terminará triunfando es el de la psicagogía, sobre todo entre los rétores cristianos, como Agustín de Hipona, por ejemplo.

^ ARISTÓTELES: Cientifización de la Retórica
Con todo, las ideas de Platón no son sino las de un observador interesado: el siglo IV aC. es, en Atenas, el gran siglo de la oratoria, una actividad de práctica cotidiana, de gran relevancia social y a la que se dedicaron muchos profesionales. Entre ellos destacará Isócrates, que fue discípulo de Gorgias pero también de Sócrates, y que tuvo una reputadísima escuela de Retórica desde la que defendía que las exigencias éticas de los socráticos y la atención de los sofistas a los recursos formales del discurso que propugnaban los estoicos eran perfectamente conciliables: el orador debe ser, según él, un hombre de buena reputación y amplísima cultura, pero también debía atender a la eficacia formal y a la belleza del discurso, ideas de las que, más adelante, se haría eco Cicerón y que perdurarían hasta nuestros tiempos.

Tanto Platón como Aristóteles le dirigieron grandes críticas: el primero, como rival en la educación de los jóvenes; el segundo, porque consideraba que se centraba demasiado en la forma.

Será, precisamente, Aristóteles el que escribirá el primer gran tratado retórico de la historia, un tratado que proporciona una teoría de la argumentación que enlaza Retórica, Dialéctica y Filosofía, una teoría de la elocución y una teoría de la composición del discurso.

A él se le debe la idea de que la finalidad de la Retórica no es persuadir, sino buscar medios para persuadir, lo que la convierte en una técnica de argumentar y en una ciencia de la realidad. Para Aristóteles, un razonamiento debe basarse en las pruebas artificiales ("éntechnoi"), no en las inartificiales ("átechnoi"), debe articularse en silogismos o en entimemas (pruebas irrefutables / pruebas verosímiles), cuyas premisas se extraen de los lugares comunes ("tópoi").

A él se debe también la distinción de un género judicial ("tò dikanikón génos"), un género deliberativo ("tò symbouleutikón génos"), y un género demostrativo ("tò epideiktikón génos"), una tripartición que ya apuntara Anaxímenes de Lámpsaco, pero que él sistematizará mejor.

Igualmente aristotélica es la distinción entre "éthos" y "páthos", el carácter del orador y las pasiones de su auditorio, lo que lo lleva a hacer un breve tratado de las pasiones.

Otra gran aportación aristotélica será la teoría de la expresión y de la elocución: debe tener claridad, adecuación, naturalidad y, sobre todo, corrección; pero habla también de los mecanismos de producción de algunas figuras como la metáfora, la paradoja, la alegoría...

La influencia de las teorías de Aristóteles va a ser, pues, trascendental: él superará muchas de las discusiones anteriores y centrará la cuestión al caracterizar a la Retórica como una herramienta de generación de enunciados, pero también, y por lo mismo, en toda una manera de investigar en la estructura de la realidad. En general, la racionalización a la que somete a la disciplina la asienta ya como parte que se entiene fundamental para la formación del joven, y no porque le enseñe a ser mejojr o peor ni porque lo lleve a practicar la Filosofía, sono porque le enseña a razonar a juzgar los razonamientos ajenos, a expresarse en público y a saber qué hay detrás de lo que se le dice. En el fondo, y sin tanta ínfula de trascendencia como Platón, formula un programa destinado a formar buenos ciudadanos, conscientes del funcionamiento interno de los mecanismos asamblearios de su "pólis".

^ LA RETÓRICA EN GRECIA DESPUÉS DE ARISTÓTELES
A la muerte de Aristóteles, su discípulo Teofrasto seguirá elaborando la teoría retórica del maestro. De su obra nos ha llegado poca cosa directamente, pero parte de sus ideas las conocemos gracias a citas y paráfrasis que hace Cicerón; concretamente, de él procede la teoría de los tres estilos del discurso (elevado, medio y humilde), que no son sino un desarrollo de la idea de la adecuación necesaria que debe haber entre el discurso, su objeto y su auditorio. Esta teoría de los tres estilos tendrá plena difusión entre los preceptistas romanos y se trasladará desde el campo de la Retórica hacia el de la Poética -al darse cada una de las obras de Virgilio como ejemplo de cada estilo- hasta convertirse, en la Edad Media, en todo un modelo de estética literaria.

También en esta época se experimentará un cambio en las doctrinas platónicas de la Academia, que se inclinará hacia el concepto de "lo persuasivo", próxio en cierto modo a los postulados aristotélicos.

No obstante, la principal aportación de la retórica griega post-aristotélica va a serle debida al pensamiento de la escuela estoica, primero con Zeón y luego y específicamente con Hermágoras de Temnos.


Zenón
A Zenón, que vivió en el final del siglo IV aC. -era más joven que Aristóteles-, y que fundó la escuela estoica, se le debe la idea de que la Retórica le está subordinada a la Dialéctica, idea que expresó con la imagen de un puño cerrado (Dialéctica) y de una mano abierta (Retórica) dando a entender que una misma idea se puede expresar sin más, o revestida de adornos y de ideas colaterales. Igual que hiciera Platón, Zenón le concede primacía a la Dialéctica pero, a diferencia de Platón, no expulsa a la Retórica, sino que la coloca en segundo lugar.


^ Hermágoras de Temnos
En el tramo central del siglo II aC., Hermágoras va a hacer la última gran aportación griega a la teoría retórica tomando la base de las doctrinas estoicas, pero incorporándoles elementos de otras escuelas, sobre todo el eclecticismo que por esos momentos caracterizaba a la Academia. Sus teorías tuvieron amplia repercusión, sobre todo en la oratoria forense.

Una significativa aportación de Hermágoras fue el desarrollo de la teoría aristotélica de los lugares generales y los lugares específicos, desarrollada en los conceptos de "thésis" (lat. quaestio infinita, quaestio generalis, quaestio communis o propositum) y de "hypóthesis" (lat. quaestio finita, quaestio specialis, o causa) y en la idea de que el discurso gana fuerza cuando a una hipótesis se le atribuye una tesis que le sirve de marco. El uso de estos dos conceptos como propios de la Retórica, aunque procedentes del campo de la Dialéctica, servirá para provocar discusiones entre profesionales de una y de otra.


Racional (sentido común): conjetural (¿se hizo?), definitorio (¿qué se hizo?), cualitativo (¿se hizo bien o mal?), traslativo (¿es competente el juez para juzgar este caso?)

GÉNEROS


Legal (legislación): letra y espíritu de la ley (¿entran en conflicto?), leyes contrarias (¿hay contradicciones?), ambigüedad (¿caben varias interpretaciones en una misma ley?), silogismo (normas anteriores, aplicables al caso actual)
Importante, sobre todo para la Retórica forense, fue su teoría de los estados de argumentación (gr. "stásis", lat. status), que mantiene que hay dos géneros, dependiendo de qué se use para enjuiciar el discurso, cada uno de ellos con sus propias subdivisiones, según qué se trate.

Como bien puede verse, los géneros aristotélicos no son fácilmente compatibles con los de Hermágoras, pero los tratadistas romanos se inclinaron por una solución de compromiso que coloca a los géneros hermagorianos dentro de la preceptiva específica del genus iudiciale; no llega a ser exactamente lo que dice MORTARA GARAVELLI [1991:34], a saber, que la doctrina de Hermágoras englobe a la de Aristóteles, sino más bien que la progresiva especialización de las técnicas del Derecho, y de su estilo retórico, casi le dan entidad propia dentro del cuerpo general de la disciplina.

En el siglo I aC., las cuestiones que afectan a la disciplina de la Retórica ya no competen a la teoría, sino al "estilo literario". Hay en ese momento tres escuelas, tres maneras de concebir el discurso: el estilo asiático, el estilo rodio y el estilo ático.

Defendían los áticos el principio de la imitación de los clásicos, de la salvaguarda de la pureza de la lengua y de la regularidad de la escritura, lo que no es sino una palicación práctica de las posturas de los analogistas, para los cuales la lengua siempre sigue normas y reglas estrictamente definidas y no debe dejar margen para extravíos. Esto se traduce en un estilo conciso, breve, que huye de los grandes adornos verbales y evita en lo posible parecer innovador.

Por su lado, los asiáticos o asianistas preferían mantener el criterio de originalidad creadora o, lo que es igual, escribir ciñéndose más a los dictados del corazón que a los de la razón; evidentemente, esto es un reflejo de sus posturas anomalistas, para las cuales la lengua siempre está cambiando porque se basa en la anomalía, en las alteraciones imprevistas e imprevisibles de la norma lingüística. La consecuenci que se derivará para el estilo serán periodos extremadamente complejos, llenos de todo tipo de figuras buscadas para asombrar y repletos de expresiones nuevas que buscan eso mismo: tener siempre pendiente al auditorio, que no debe llegar a prever cuál será el siguiente artificio.

La oposición de asiáticos -anteriores cronológicamente- y de áticos -surgidos como reacción contra ellos y apoyados por la propia legislación ateniense promulgada tras el periodo de la demagogia- originó discusiones intelectuales, pero también excesos oratorios en ambos lados, favoreció el desarrollo de la escuela rodia, que busca conciliar los dos extremos y defiende un estilo más sobrio que el asiático y menos conciso que el ático. Uno de los maestros de esta escuela fue Molón de Rodas (I aC.), cuya principal aportación a la historia de la Retórica no van a ser nuevas teorías, ni un nuevo método de enseñanza, ni siquiera discursos que se hicieran famosos; antes al contrario, el mérito de Molón fue haber tenido por discípulo al que, seguramente, fue el orador más famoso de todos los tiempos: Marco Tulio Cicerón.

En realidad, el siglo I aC. marca un momento de declive en la vitalidad intelectual griega: sus ciudades están siendo conquistadas por Roma, o cedidas a ella, y allí van a irse sus principales estudiosos, o de allí van a venir los jóvenes para recibir una educación superior. Desde el siglo I aC., los grandes nombres de la Retórica y de la Oratoria ya no van a ser griegos, sino romanos, y van a ser precisamente ellos los que acometerán la tarea de hacer la sistematización definitiva del cuerpo teórico de la disciplina y los que, gracias a esa sistematización, van a permitir su transmisión hacia épocas históricas posteriores.

1. En realidad, debe pensarse que ya antes tenía que existir algún tipo de adiestramiento retórico: no podemmos dejar de lado que los "discursos" de los personajes homéricos nos indican la existencia de una sociedad asamblearia (favorable a la Retórica, pues) pero, también, y a juzgar por su estructura interna literaria, la existencia de algún que otro conjunto de reglas retóricas conocidas por Homero, y que remiten a la época de composición de las epopeyas, no contemporánea de los hechos, pero sí lo suficientemente atrás en el tiempo. Si esto es así, lo que hicieron Córax y Tisias fue, más bien, inauguar la tradición de estudio autónomo, académico, de las técnicas retóricas, no inventarlas; no olvidemos que toda ars ("téchne") se basa en la recopilación de preceptos extraidos de la observación ("empeiría") cotidiana.



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